15 agosto, 2020

Análisis: ¿Cómo afectará el ‘Brexit’ a los médicos españoles?

Ni siquiera los más fervientes partidarios de la salida tienen prisa. Es bastante probable que el futuro acuerdo, que puede retrasarse dos años o más, mantenga la libre circulación de profesionales cualificados

Gran Bretaña médicos extranjeros

Un grupo de médicos que trabajan en el Reino Unido

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En el Reino Unido trabajan actualmente unos 5.000 médico españoles y los ciudadanos británicos, llamados a referéndum el pasado 23 de junio, decidieron por una diferencia de algo más de un millón de votos (17.410.472 frente a 16.141.241) dejar de ser miembros de la Unión Europea.

La pregunta es: tras haber optado Gran Bretaña por abandonar la UE, ¿cómo afectará esto a los facultativos que ya trabajan allí o a los que tienen pesado hacerlo en el futuro?

EL PEOR ESCENARIO

El peor escenario tras el Brexit es que se produzca a corto plazo una desconexión total con la UE, lo que supondría que a los profesionales españoles se les aplicarían las mismas normas que a los extracomunitarios. Esta implicaría una serie de inconvenientes:

– Será necesaria una autorización de trabajo para los profesionales que quisieran desarrollar su carrera profesional en el Reino Unido. Y esta autorización se obtendría y regiría según las reglas que se establecieran al respecto por el Derecho interno británico.

– Cualquier desplazamiento de trabajadores en el Reino Unido requeriré un visado y de un permiso específico.

– Aumentarán las trabas burocráticas y se perdería libertad de movimiento, ya que los extracomunitarios no pueden cambiar fácilmente de centro, al concedérseles el visado en función de las características de su contrato de trabajo.

El MÁS PROBABLE

Sin embargo, cabe pensar que el escenario descrito no es el más probable. De hecho, ni los más fervientes abanderados del brexit parecen tener prisa por romper definitivamente con la UE. Quieren tomárselo con calma para no perjudicar los intereses económicos del Reino Unido, y sin duda tratarán de explotar la ambigüedad normativa al respecto.

La Unión Europea cuenta con los mecanismos necesarios para articular la salida de Reino Unido desde que entró en vigor el Tratado de Lisboa en 2009, ya que introdujo en su artículo 50 la posibilidad de que un Estado miembro pida su «retirada voluntaria y unilateral» del club comunitario, para lo que contará con un plazo de dos años.

La clave para iniciar la cuenta atrás es el momento que elegirá el primer ministro británico (el actual, David Cameron, o quien le suceda) para «notificar» formalmente al Consejo europeo la voluntad de Reino Unido de dejar la Unión Europea.

Será esa fecha la que marque el inicio de un periodo de dos años para negociar las condiciones de salida. Los Tratados europeos «dejaran de aplicarse» en el país que ha solicitado su salida a partir del momento en que se produzca el acuerdo o, si no lo hay, «a más tardar en dos años».

Lo previsible es que Londres se resista a formalizar la notificación todo lo que pueda, y que, cuando así lo haga, utilice el horizonte de dos años de negociaciones para intentar conseguir un acuerdo que garantice su objetivo principal: que el espacio europeo siga siendo una zona de libre cambio para sus productos. Mientras tanto, seguramente se comprometería de buen grado a mantener el status quo actual.

Lo que está por ver, sin embargo, es el grado de paciencia que demostrará la UE cuando compruebe que el Reino Unido quiere quedarse con lo mejor (el acceso al mercado comunitario) y prescindir de los compromisos que conlleva ser socio de la Unión. En este punto Bruselas no puede mostrarse muy condescendiente, al menos de cara a la galeria, a fin de evitar que el caso británico sirva de estímulo al creciente euroescepticismo que se observa en otros países.

También está por ver cuál será la reacción de los votantes por el brexit si comprueban que pasa el tiempo y todo sigue igual. O las implicaciones, sin duda profundas, que tendrá el posible decantamiento de una mayoría de escoceses por abandonar el Reino Unido y continuar en la UE.

Lo seguro, en cualquier caso, es que ninguna de las dos partes (Downing Street y la Comisión Europea) querrán hacer sangre, y que habrá (en su momento) un acuerdo supuestamente satisfactorio para ambas partes.

LIBRE CIRCULACIÓN DE PROFESIONALES

Lo que parece más lógico es que el Reino Unido mantenga ciertos privilegios económicos y que a cambio se vea impelido a mantener, cuando menos, la libre circulación de profesionales con la Unión Europea.

Una primera posibilidad en este sentido es que el Reino Unido se adhiera al Espacio Económico Europeo, del que forman parte Noruega, Islandia y Liechtenstein. En ese caso, se mantendría la libre circulación de trabajadores, y por tanto, los españoles que trabajan en el Reino Unido no precisarán -como sucedía hasta ayer- autorización de trabajo para trabajar en este país, y, recíprocamente, se aplicaría lo mismo a los ciudadanos británicos.

Una segunda alternativa, similar al anterior, sería que el Reino Unido adopte un modelo de relación con la Unión Europea similar al de Suiza, es decir, basado en acuerdos bilaterales incluyendo, entre ellos, la asunción de las normas comunitarias en materia de mercado interior.

Otra opción entre las más probables esa que los británicos decidan mantener la libre circulación de trabajadores (y por tanto los derechos asociados a ella) sólo en determinados sectores cualificados, entre los que se incluiría con seguridad el de los médicos, dada su fuerte demanda de profesionales y la especial consideración que viene mostrando, concretamente, hacia los titulados españoles.



Fuentes: CESM

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